La otra cara de la moneda: cinco proyectos que usan la tecnología para resolver problemas de a de veras
Aquí hablamos mucho de peligros. Hoy toca la otra mitad: un pueblo de Oaxaca con su propia red celular, luz solar a crédito, estiércol convertido en gas, IA que le dice al campo cuándo regar y un robot que ayuda a cazar mentiras.
Si llevas un rato leyendo este sitio, ya te diste cuenta de que aquí se habla mucho de peligros. Algoritmos que te secuestran la atención, videos falsos, empleos que cambian de un día para otro. Todo eso es real y lo voy a seguir escribiendo.
Pero sería deshonesto quedarme nada más con esa mitad. En el e-book lo dije así: criticar no alcanza, también hay que construir. Y hay gente que ya está construyendo. No en un escenario con pantallas gigantes, sino en la sierra, en el rancho, en una redacción con poquito presupuesto.
Para esta nota me puse una regla: nada de apps que prometen cambiar el mundo en un pitch de tres minutos. Solo proyectos que resolvieron un problema concreto para gente concreta, y que llevan años haciéndolo. Encontré un chorro. Aquí van cinco: tres mexicanos y dos argentinos.
Un pueblo de Oaxaca que se armó su propia red celular
En la sierra de Oaxaca hay pueblos donde, durante años, las grandes telefónicas dijeron que no. No era negocio: pocos clientes, muy lejos, muy caro. Talea de Castro esperó más de diez años a que alguien pusiera una antena.
En 2013 se cansaron de esperar. Con apoyo técnico de Rhizomatica, la comunidad instaló su propia red de telefonía celular y la empezó a administrar como se deciden muchas cosas allá: entre todos. Las llamadas locales salían en un paquete de 15 pesos. Cuando las compañías grandes vieron que funcionaba y ofrecieron entrar, el pueblo les dijo que gracias, pero no: no querían que llegaran a hacer dinero con ellos.
De ahí nació Telecomunicaciones Indígenas Comunitarias (TIC A.C.), y en 2016 el Instituto Federal de Telecomunicaciones le dio la primera concesión de telefonía celular de uso social indígena del país. Más de una docena de comunidades llegaron a tener su propia red, donde los usuarios son también los dueños.
Lo que me vuela la cabeza no es la antena. Es la idea: la tecnología puede ser un bien común y no solo un producto que alguien te renta. Y eso no se le ocurrió a Silicon Valley. Se le ocurrió a un pueblo de la sierra.
Luz donde no llega el cable
Según el censo de 2020, en México había alrededor de un millón y medio de personas sin electricidad en su casa. Velas, petróleo, pilas. Imagínate hacer la tarea, atender a un enfermo o cargar el celular así.
Iluméxico es una empresa social que lleva sistemas de energía solar a comunidades rurales a las que la red eléctrica nunca llegó. Diseñaron en México su propio controlador, al que llamaron Prometeo, para aprovechar mejor la energía de los paneles. Pero lo más interesante no es el panel: es cómo se paga. Venden a crédito, a familias que en su gran mayoría nunca habían tenido historial crediticio. Para mucha gente, su primer préstamo fue para poder prender un foco.
Aquí hay una lección que se nos olvida cuando hablamos de innovación: el modelo de negocio importa tanto como el aparato. Un panel increíble que nadie puede pagar no le cambia la vida a nadie.
Sí, leíste bien: estiércol que se vuelve gas
Este es mi favorito porque suena a chiste. Sistema.bio nació en México en 2010 con una idea muy poco glamorosa: agarrar el estiércol de los animales del rancho y meterlo a un biodigestor, una especie de estómago mecánico que lo convierte en dos cosas útiles: biogás para cocinar y fertilizante orgánico para la parcela.
Al principio nadie les creía. Sus fundadores cuentan que tenían que instalar sistemas de prueba y enseñarle a la gente la flama azul del biogás para convencerla. Hoy llevan más de 7 mil biodigestores instalados en México, según la propia empresa, y trabajan en otros países de América Latina, África y Asia. También dan financiamiento, porque otra vez: la tecnología que no se puede pagar no existe.
Este caso rompe con la idea de que “tecnología” significa pantalla. A veces la tecnología más útil es la más aburrida: un tanque, unas mangueras y alguien que sabe explicarlo en el idioma del rancho.
Inteligencia artificial para regar con menos agua
Kilimo nació en Córdoba, Argentina, y usa justo eso que aquí tanto cuestionamos: inteligencia artificial. Cruza imágenes satelitales, datos del clima y datos del campo para decirle al agricultor cuándo regar y cuánto. Nada de tableros complicados: le llega un aviso con los milímetros o las horas de riego. Según la empresa, los productores ahorran en promedio entre 20 y 30 % de agua. Y también opera en México, donde la sequía no es metáfora.
Ahora sí, modo deconstruir. Parte del dinero que mueve a Kilimo viene de grandes corporaciones que necesitan compensar el agua que consumen; una de sus alianzas en Argentina fue con Coca-Cola. ¿Eso invalida el ahorro? No. ¿Vale la pena preguntarse a quién le conviene contar esta historia? Siempre. Las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo: el agua se ahorra y a la marca le conviene que se sepa. Pensar críticamente es poder sostener las dos sin soltar ninguna.
Un robot que ayuda a cazar mentiras
Chequeado es un medio argentino que desde 2010 se dedica a verificar lo que dicen políticos, medios y redes. En 2016 crearon Chequeabot, una herramienta con inteligencia artificial que revisa discursos y noticias para encontrar frases que se pueden comprobar, avisa si algo ya se había verificado antes y hasta transcribe audios en tiempo real. Hoy la usan organizaciones de siete países.
Lo bonito aquí es el orden de las cosas: la IA no decide qué es verdad; ayuda a que personas con criterio lleguen más rápido a las preguntas correctas. Desde el principio dijeron que no pensaban cambiar a sus periodistas por robots. Es la misma IA que puede llenar internet de basura, puesta a trabajar del lado contrario.
Lo que tienen en común
Cuando junté los cinco casos me cayó el veinte de que se parecen más de lo que parece:
- Empezaron por un problema, no por una tecnología. Nadie dijo “hagamos algo con IA”. Dijeron: no hay señal, no hay luz, sobra estiércol, falta agua, sobran mentiras.
- La gente afectada está adentro, no afuera. En Oaxaca, los usuarios son los dueños. En el rancho, el que usa el biodigestor es el que lo cuida.
- La parte aburrida es la importante. Financiamiento, mantenimiento, confianza, paciencia. Nada de eso sale en el video promocional, y todo eso es lo que hace que funcione.
No te voy a decir que con esto ya la libramos. Ninguno de estos proyectos resuelve que unas cuantas empresas concentren tanto poder, ni el desmadre que las redes le hicieron a nuestra atención. Pero sí desmienten una idea que nos venden diario: que la tecnología es algo que solo nos pasa. También es algo que podemos hacer.
Una advertencia honesta: estos datos vienen de reportajes y de las propias organizaciones, y algunos tienen años. Tómalos como una foto, no como la película completa.
Estoy seguro de que hay muchísimos proyectos así que no salen en ningún lado. Si conoces uno en tu colonia, tu pueblo o tu chamba, cuéntamelo. Quiero que esta nota sea la primera de muchas.
Para leer más
- La red celular comunitaria de Talea de Castro (Xataka México)
- La primera concesión de telefonía indígena y sus riesgos (openDemocracy)
- Iluméxico: energía solar a crédito (Milenio)
- Los inicios de Sistema.bio (Americas Quarterly)
- Cómo funciona Kilimo (Economía Sustentable)
- Qué es Chequeabot (Chequeado)
la pregunta con la que me quedo
¿Qué problema de tu colonia, tu pueblo o tu chamba conoces tan bien que nadie de fuera podría resolverlo mejor que tú?
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